Marco Gómez Maseda

art on fire

Maseda, el retrato psicológico

Maseda es un artista difícil de encuadrar en el actual panorama artístico castellonense. Su personalidad plástica ha llegado como un vendaval que, lejos de destruirlo todo a su paso, está insuflando aire fresco y renovado. Sus referentes no están en la escuela valenciana de Sorolla o el omnipresente Porcar. Ni tampoco en la calidad de Traver Calzada o el exquisito trazo de Amat Bellés. La gestualidad de su trazo hace que su progresión sea de vértigo. Para entender los retratos de trazos abstractos y rostros distorsionados hemos de remontarnos a la primera generación de la Escuela de Londres donde, en la década de los años 50, empezaron a trabajar Frank Auerbach, Francis Bacon, el genial Lucian Freud o Leon Kossoff, les unía el interés por representar la figura humana y por retratar lo psicológico, un rasgo que comparte Maseda. Esos artistas querían huir de la pintura abstracta que copaba las grandes escuelas de Europa y Estados Unidos

Me gustaría explicarles por qué merece la pena fijarnos en la obra de Maseda. O dicho de otra manera, por qué en pleno siglo XXI, donde la tecnología rige nuestras vidas, el arte puede seguir emocionándonos y contando historias que nos preocupan.

Hacia 2005 -hace ahora una década- Maseda decide estudiar dibujo, una vocación que tuvo desde muy joven y que no había podido desarrollar. Primero se apuntó a clases particulares y su sed por aprender le llevó hasta la Escuela que dirigía en Castellón Amaury Suárez. Sus profesores serían Raquel Lara y el propio pintor cubano. Conocer la pintura y quedarse prendado del retrato fue todo uno. En ocasiones sus guías le interpelaban para que no corriera tanto, pero Maseda absorbía cada enseñanza como si de una magia ancestral se tratase. Poco tiempo después, Maseda decide continuar su evolución de forma autodidacta. Bucea en internet, conoce a otros artistas, devora libros y, sobre todo, pinta de día y de noche. Su obsesión entonces es el color, dominarlo, conocer sus fórmulas, sus combinaciones, sus secretos. Curiosamente Maseda trabaja siempre a partir del blanco y negro. Cuando pinta retratos sobre fotografía escoge siempre una instantánea en blanco y negro. El color es visceral. Tiene mucho de arte callejero cuando utiliza espray de tonos fosforitos como los naranjas, los amarillos o los fucsias. Pero también hay un Maseda más sombrío, cuando emplea las tintas chinas y las aguadas de grises y negros con alguna concesión al violento rojo. Es en esas obras donde asoma la locura, el retrato se descompone casi por completo, perdiendo su carácter figurativo y acercándose a la mancha del expresionismo abstracto. Un camino, por cierto, muy interesante donde Maseda tiene todavía mucho por explorar. La emoción se palpa en esos ensayos de seres monstruosos. Esa sensibilidad que de niño ocultaba tras una fachada de ‘macarra’, esos horrores que experimenta durante sus años en la Guardia Civil con víctimas de accidentes de tráfico, indigentes que lo han perdido todo, suicidios…, son demonios que piden salir a borbotones. ¿Y quién ocupa sus venerados lienzos? Algunos rostros son iconos del cine como Marilyn Monroe (belleza y decadencia), Audrey Hepburn o Charles Chaplin; también hay genios de la música como el admirado Paco de Lucía o John Lennon, el genio excéntrico de Dalí o la pintora mexicana Frida Kahlo. Personajes todos ellos frágiles, sensibles y en muchos casos atormentados. Y después hay toda una galería de rostros sin nombre, personas cercanas al artista o facciones que esconden pequeñas historias. También hay manos, una parte de la anatomía humana que a Maseda obsesionan desde su más tierna infancia. En ellas concentra la misma tensión psicológica que guardan sus ojos, algunos brillantes pero otros vacíos, sin vida. Muerte, rabia, indignación, miedo son solo algunas de las emociones que laten tras cada trazo. Y no se engañen. Otros muchos temas que Maseda se guarda solo para él.

Para aquellos escogidos que ya disfruten de la obra de este joven talento sabrán que detrás del lienzo escribe a lápiz trazos de los momentos compartidos con su arte. Por ejemplo, la música que escuchó cuando lo pintaba (porque Maseda siempre pinta con música). Maseda se maneja como nadie en las redes sociales, una gran galería abierta las 24 horas del día. Sus seguidores son testigos de excepción del proceso creativo casi desde sus comienzos. Comparte con ellos cada sesión y ellos son los primeros en darle el ‘me gusta’ a la obra acabada. El diálogo entre público y creador es directo. ¡Bienvenido siglo XXI!

Maseda, el retrato psicológico

Maseda es un artista difícil de encuadrar en el actual panorama artístico castellonense. Su personalidad plástica ha llegado como un vendaval que, lejos de destruirlo todo a su paso, está insuflando aire fresco y renovado. Sus referentes no están en la escuela valenciana de Sorolla o el omnipresente Porcar. Ni tampoco en la calidad de Traver Calzada o el exquisito trazo de Amat Bellés. La gestualidad de su trazo hace que su progresión sea de vértigo. Para entender los retratos de trazos abstractos y rostros distorsionados hemos de remontarnos a la primera generación de la Escuela de Londres donde, en la década de los años 50, empezaron a trabajar Frank Auerbach, Francis Bacon, el genial Lucian Freud o Leon Kossoff, les unía el interés por representar la figura humana y por retratar lo psicológico, un rasgo que comparte Maseda. Esos artistas querían huir de la pintura abstracta que copaba las grandes escuelas de Europa y Estados Unidos

Me gustaría explicarles por qué merece la pena fijarnos en la obra de Maseda. O dicho de otra manera, por qué en pleno siglo XXI, donde la tecnología rige nuestras vidas, el arte puede seguir emocionándonos y contando historias que nos preocupan.

inicios

Hacia 2005 -hace ahora una década- Maseda decide estudiar dibujo, una vocación que tuvo desde muy joven y que no había podido desarrollar. Primero se apuntó a clases particulares y su sed por aprender le llevó hasta la Escuela que dirigía en Castellón Amaury Suárez. Sus profesores serían Raquel Lara y el propio pintor cubano. Conocer la pintura y quedarse prendado del retrato fue todo uno. En ocasiones sus guías le interpelaban para que no corriera tanto, pero Maseda absorbía cada enseñanza como si de una magia ancestral se tratase. Poco tiempo después, Maseda decide continuar su evolución de forma autodidacta. Bucea en internet, conoce a otros artistas, devora libros y, sobre todo, pinta de día y de noche. Su obsesión entonces es el color, dominarlo, conocer sus fórmulas, sus combinaciones, sus secretos. Curiosamente Maseda trabaja siempre a partir del blanco y negro. Cuando pinta retratos sobre fotografía escoge siempre una instantánea en blanco y negro. El color es visceral. Tiene mucho de arte callejero cuando utiliza espray de tonos fosforitos como los naranjas, los amarillos o los fucsias. Pero también hay un Maseda más sombrío, cuando emplea las tintas chinas y las aguadas de grises y negros con alguna concesión al violento rojo. Es en esas obras donde asoma la locura, el retrato se descompone casi por completo, perdiendo su carácter figurativo y acercándose a la mancha del expresionismo abstracto. Un camino, por cierto, muy interesante donde Maseda tiene todavía mucho por explorar. La emoción se palpa en esos ensayos de seres monstruosos. Esa sensibilidad que de niño ocultaba tras una fachada de ‘macarra’, esos horrores que experimenta durante sus años en la Guardia Civil con víctimas de accidentes de tráfico, indigentes que lo han perdido todo, suicidios…, son demonios que piden salir a borbotones. ¿Y quién ocupa sus venerados lienzos?

inspiración

Algunos rostros son iconos del cine como Marilyn Monroe (belleza y decadencia), Audrey Hepburn o Charles Chaplin; también hay genios de la música como el admirado Paco de Lucía o John Lennon, el genio excéntrico de Dalí o la pintora mexicana Frida Kahlo. Personajes todos ellos frágiles, sensibles y en muchos casos atormentados. Y después hay toda una galería de rostros sin nombre, personas cercanas al artista o facciones que esconden pequeñas historias. También hay manos, una parte de la anatomía humana que a Maseda obsesionan desde su más tierna infancia. En ellas concentra la misma tensión psicológica que guardan sus ojos, algunos brillantes pero otros vacíos, sin vida. Muerte, rabia, indignación, miedo son solo algunas de las emociones que laten tras cada trazo. Y no se engañen. Otros muchos temas que Maseda se guarda solo para él.

vanguardia

Para aquellos escogidos que ya disfruten de la obra de este joven talento sabrán que detrás del lienzo escribe a lápiz trazos de los momentos compartidos con su arte. Por ejemplo, la música que escuchó cuando lo pintaba (porque Maseda siempre pinta con música). Maseda se maneja como nadie en las redes sociales, una gran galería abierta las 24 horas del día. Sus seguidores son testigos de excepción del proceso creativo casi desde sus comienzos. Comparte con ellos cada sesión y ellos son los primeros en darle el ‘me gusta’ a la obra acabada. El diálogo entre público y creador es directo. ¡Bienvenido siglo XXI!

 

Maseda, el retrato psicológico